Durante muchos años, entrené para verme bien. Como muchas mujeres, comencé mi camino en el mundo del fitness con el deseo de transformar mi físico, de sentirme fuerte por fuera… y también por dentro, aunque en ese momento no lo sabía.
Estaba pasando por un cambio fuerte en mi vida personal. Una etapa donde necesitaba enfocar mi energía, ocupar mi mente, encontrar algo que me sostuviera. Y fue ahí donde el entrenamiento se convirtió en mi refugio. Día tras día, repetía los ejercicios con disciplina, casi como un ritual que me ayudaba a sobrevivir emocionalmente. Pero aún no había despertado.
Hasta que un día, en medio de una sesión, lo sentí.
Un músculo que se activó como nunca antes.
Una conexión sutil, poderosa.
Una sensación viva en mi cuerpo.
Ahí comenzó otra forma de entrenar… una forma de sentir.
Comencé a enfocarme no solo en hacer los ejercicios, sino en habitar cada movimiento. A sentir cada fibra, cada respiración, cada contracción como un diálogo entre mi cuerpo y mi alma. Y mi cuerpo respondió. Me convertí en una mujer fitness, con un físico fuerte, hermoso, definido. Me sentía imparable.
Pero lo que no sabía, era que esa era solo la primera transformación.
La transformación externa.
Con el tiempo, me dediqué a acompañar a otras personas en sus procesos. A enseñarles lo que a mí me había funcionado. Me enfoqué tanto en ayudar a las demás que, sin darme cuenta, me olvidé de mí. Seguía entrenando. Seguía comiendo saludable. Pero algo en mí se había desconectado.
Y entonces… mi cuerpo me habló otra vez.
En pocos meses aumenté más de 60 libras. Sin explicación.
Sin cambiar nada de lo que “se suponía” que debía hacer bien.
Ahí comenzó una nueva etapa. Una más profunda.
Ya no era mi cuerpo físico el que necesitaba atención.
Eran mis emociones, mis apegos, mi dolor guardado… mi alma.
Comencé a meditar. A observar mis pensamientos.
A sentir mis emociones, sin huir de ellas.
A mirar mi historia con compasión.
Y ahí entendí:
Mi cuerpo siempre fue el templo, pero yo solo lo estaba decorando por fuera.
Hoy, mi enfoque ha cambiado. Entrenar ya no es solo un objetivo estético. Es una forma de habitar mi verdad, de regular mis emociones, de liberar tensiones y de regresar a mí misma.
Cada músculo que siento, cada respiración consciente, es una forma de recordarme que estoy viva, estoy presente y estoy completa.
Y eso es lo que hoy comparto con otras mujeres.
Porque el movimiento puede sanar.
Porque el cuerpo recuerda.
Porque cuando nos escuchamos, nos transformamos.
🌿 ¿Y tú? ¿Estás entrenando para huir… o para volver a ti?
✨ Te invito a comenzar tu camino de reconexión.
Empieza por sentir.
El resto llega solo.
Marian Ríos Villafañe
Entrenadora Física · Guía en Movimiento Consciente